Rebaños de cerdos humanos trotan
felices en los verdes pastizales,
bajo la rubia escarcha matinal.
La técnica cumplió su función.
Sobre la base de un fornido cuerpo
insertaron los genes de un marrano
simpático y dicharachero,
de buen lomo y heroico costillar.
Para no defraudar a los gourmets
fue preciso completar el genoma
con algún "chin" de vino tinto o blanco
en buena armonía de aroma y color.
(Siempre cabe la posibilidad
de introducir variantes de sabor;
buenos whiskies de malta escocesa
porque aquí sumar, nunca restar.)
Pensando también en los hermanos
vegetarianos en lugar del pene
zanahoria ocuparia el noble lugar.
Berenjena sustituyendo a la vagina
que siempre invita a un noble yantar.
Horizontes nuevos se van abriendo,
múltiples posibilidades,
a las cultas hordas caníbales
cansadas ya de sosas proteínas .
De postre unas hermosas orejas
que fueran crujiente de chocolate
y los cojonzuelos Ferrero Rochet
para que derroche no haya, ni debate.
Con todos estos añadidos,
y algunos más que podemos inventar ,
nadie temerá poner a la parrilla
un buen solomillo de cerdo humano
o en su defecto morro y manitas
adobadas al bello trote marranero.
Roger Nelson
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Las aves de Estínfalo
"El canibalismo es un acto de amor
especial en el ser humano"
Roger Nelson
Recordad a estos seres emplumados.
Fueron nobles famosos por lealtad
competencia y amor a la verdad.
A las aguas de Estínfalo forzados,
los dioses del Olímpo despechados,
transmutaron su piel en plumas de oro.
Picos y garras bronce, que sonoro,
desgarraba la carne a esos humanos
que osaban adentrarse en los pantanos
llevados por un celo que yo ignoro.
Nobles recetas, dado su buen comer,
sabios legaron a la humanidad.
Notables antropófagos piedad
tuvieron y encriptaron su saber
Entre los condimentos la respuesta
a modo de tratado de alta alquimia.
Los címbalos, al pobre Herakles, nimia
sabiduría nunca manifiesta.
Deglutir a la ninfa hidra debiera
en lugar de folgar que apeteciera.
Roger Nelson
especial en el ser humano"
Roger Nelson
Recordad a estos seres emplumados.
Fueron nobles famosos por lealtad
competencia y amor a la verdad.
A las aguas de Estínfalo forzados,
los dioses del Olímpo despechados,
transmutaron su piel en plumas de oro.
Picos y garras bronce, que sonoro,
desgarraba la carne a esos humanos
que osaban adentrarse en los pantanos
llevados por un celo que yo ignoro.
Nobles recetas, dado su buen comer,
sabios legaron a la humanidad.
Notables antropófagos piedad
tuvieron y encriptaron su saber
Entre los condimentos la respuesta
a modo de tratado de alta alquimia.
Los címbalos, al pobre Herakles, nimia
sabiduría nunca manifiesta.
Deglutir a la ninfa hidra debiera
en lugar de folgar que apeteciera.
Roger Nelson
LA TENGO HINCHADA Y NO SE POR QUÉ
Esta mañana acudí a la casa de mi general
y como vi a su señora comiéndosela gozosa.
Yo me preguntaba.
¿Es un entretenimiento
antes del desayuno?
El caso es que yo
la tengo hinchada! ¡ay! no sé por qué.
Mi suegra levanta con disimulo
su enagua cada vez que por su casa me ve .
Y claro, chupándomela con pasión,
es una descortesía preguntarme
¿Por qué la tengo hinchada?
Mi cuñada le cambia el agua al canario
una de cada tres
y me pregunta,porque soy veterinario,
si su mascota es de mi gusto.
¿Ustedes qué piensan?
Si la tengo hinchada señores no es por placer.
Caballeros todos en dios.
Soy un ciudadano maltratado
por las circunstancias de la época.
Por lo tanto me cabreo y respondo.
Y no se enfaden ustedes porque yo…
si la tengo hinchada
creo ya que todos saben por qué.
y como vi a su señora comiéndosela gozosa.
Yo me preguntaba.
¿Es un entretenimiento
antes del desayuno?
El caso es que yo
la tengo hinchada! ¡ay! no sé por qué.
Mi suegra levanta con disimulo
su enagua cada vez que por su casa me ve .
Y claro, chupándomela con pasión,
es una descortesía preguntarme
¿Por qué la tengo hinchada?
Mi cuñada le cambia el agua al canario
una de cada tres
y me pregunta,porque soy veterinario,
si su mascota es de mi gusto.
¿Ustedes qué piensan?
Si la tengo hinchada señores no es por placer.
Caballeros todos en dios.
Soy un ciudadano maltratado
por las circunstancias de la época.
Por lo tanto me cabreo y respondo.
Y no se enfaden ustedes porque yo…
si la tengo hinchada
creo ya que todos saben por qué.
La oreja
LA OREJA TROPICAL
Siempre me llamaron la atención las orejas
por su carácter comestible, flexible y funcional.
No tienen precio
en el sentido más difícil y apasionante:
poder interpretar el futuro en sus hechuras.
Confieso que nunca podría ser Nelson
sin haber soñado con las orejas de Mozart,
sin los pabellones sustantivos de Bach.
Mis cromosomas están configurados
acorde a sus más bellas sinfonías,
en la loca sintonía de sus conciertos,
en el orgasmo final de su bipolaridad
adobada en pimienta y aceite de oliva.
Amo las orejas.
En pepitoria, en chicharrrón,
con aceite, pimienta y limón.
La forma de cocinarlas me es insustancial.
Estando, los pabellones auditivos,
en la ternura del más puro colágeno,
despietan en mi arreabtos morbosos
que más tiene que ver con los arcanos
que con la culinaria
de las negras de Limón.
Siempre me llamaron la atención las orejas
por su carácter comestible, flexible y funcional.
No tienen precio
en el sentido más difícil y apasionante:
poder interpretar el futuro en sus hechuras.
Confieso que nunca podría ser Nelson
sin haber soñado con las orejas de Mozart,
sin los pabellones sustantivos de Bach.
Mis cromosomas están configurados
acorde a sus más bellas sinfonías,
en la loca sintonía de sus conciertos,
en el orgasmo final de su bipolaridad
adobada en pimienta y aceite de oliva.
Amo las orejas.
En pepitoria, en chicharrrón,
con aceite, pimienta y limón.
La forma de cocinarlas me es insustancial.
Estando, los pabellones auditivos,
en la ternura del más puro colágeno,
despietan en mi arreabtos morbosos
que más tiene que ver con los arcanos
que con la culinaria
de las negras de Limón.
El canibalismo es un acto de amor...
El canibalismo es un acto de amor
especial en el ser humano (Crónos
desde el inicio de los tiempos dio
ejemplo de fervor por sus hijos
comiéndoselos de uno en uno),
no podemos dejarnos llevar
de prejuicios más propios del miedo
que de la estricta lógica:
Nos espanta, no tanto en función
de podernos comer al amigo
sino por la razón inversa ,
aceptable, de ser comidos por el.
¡Incorporación del amado, sangre
de mi sangre, cuerpo de mi cuerpo!
Diversas iglesias así lo celebran.
Es la mayor ofrenda que pueda darse,
aunque estemos de acuerdo
en que, gastronómicamente, sea
considerado un error por la escasa
calidad venatoria de la carne.
Entre las varias formas de almorzarse
a una persona tres mandan vitales.
Una manducarla entera, muy sencilla,
a mordisquitos lentos y graduales.
Vamos saboreando variadas partes
con lo que se evita desaguisados
por la forma inexperta de trinchar.
La otra es partirla en seis pedazos
extremidades, tronco y cabeza
bien diferenciados por su sabor
y forma de cocción.
A otros gustanle más el octeto
conformado por lo anterior
más los huesos redondos de las rodillas,
su carne roja adyacente dicen
que apasiona al experto culinario.
Dejamos al final los ojos y su mirada,
lo más exquisito del pastel
(lo mejor es que nunca pasen de los treinta
porque se vuelven duros y embusteros).
Terminemos con el corazón,
parte melancólica y alta en colesterol,
lleven pues, los espíritus débiles, cuidado con el.
También los llamados pusilánimes.
En resumen, las formas variadas
de adobar a un amigo muchas veces
dependen del entorno ambiental,
de la reunión en que se desenvuelva
y en esto impera el gusto de cada cual.
Ser ingerido es la mejor manera
de no morir como un idiota.
Mejor en la olla, a diente de algún amante,
que en la ópera a manos de un impertinente.
Roger Nelson
especial en el ser humano (Crónos
desde el inicio de los tiempos dio
ejemplo de fervor por sus hijos
comiéndoselos de uno en uno),
no podemos dejarnos llevar
de prejuicios más propios del miedo
que de la estricta lógica:
Nos espanta, no tanto en función
de podernos comer al amigo
sino por la razón inversa ,
aceptable, de ser comidos por el.
¡Incorporación del amado, sangre
de mi sangre, cuerpo de mi cuerpo!
Diversas iglesias así lo celebran.
Es la mayor ofrenda que pueda darse,
aunque estemos de acuerdo
en que, gastronómicamente, sea
considerado un error por la escasa
calidad venatoria de la carne.
Entre las varias formas de almorzarse
a una persona tres mandan vitales.
Una manducarla entera, muy sencilla,
a mordisquitos lentos y graduales.
Vamos saboreando variadas partes
con lo que se evita desaguisados
por la forma inexperta de trinchar.
La otra es partirla en seis pedazos
extremidades, tronco y cabeza
bien diferenciados por su sabor
y forma de cocción.
A otros gustanle más el octeto
conformado por lo anterior
más los huesos redondos de las rodillas,
su carne roja adyacente dicen
que apasiona al experto culinario.
Dejamos al final los ojos y su mirada,
lo más exquisito del pastel
(lo mejor es que nunca pasen de los treinta
porque se vuelven duros y embusteros).
Terminemos con el corazón,
parte melancólica y alta en colesterol,
lleven pues, los espíritus débiles, cuidado con el.
También los llamados pusilánimes.
En resumen, las formas variadas
de adobar a un amigo muchas veces
dependen del entorno ambiental,
de la reunión en que se desenvuelva
y en esto impera el gusto de cada cual.
Ser ingerido es la mejor manera
de no morir como un idiota.
Mejor en la olla, a diente de algún amante,
que en la ópera a manos de un impertinente.
Roger Nelson
Putanna Venecia
Robé todo el tiempo y el dinero que pude,
corrí hacia el puerto de mis sueños
y me enrolé en un barco asqueroso
como ayudante de cocina
con aquel maricón que se pasó el viaje
intentando tocarme las pelotas;
al final le aticé un par de hostias
y le partí los morros por jilipollas.
Al poco tiempo paseaba
las calles decadentes de Venecia,
la carnes putrefactas de sus palacios,
el olor asqueroso de las almas que la habitaban
y fui feliz algunos segundos;
los mismos que creí que las putas
de Venecia eran formidables.
Porque aquello no era lo que imaginé.
Esas parejas cogidas de la mano
jurándose amor eterno,
renovando un amor mentiroso
o comprándose por unos putos dólares.
Tirando moneditas a la Fontana.
¡Vomitivo espectáculo!
Me repugnaba tanto que mi verga
devino en supino turgente.
Era la señal requerida para beber
un buen vino.
La urgencia de correrme en los reumáticos
dinteles de aquella puercas puertas,
de gritar en los corazones
de aquellos palacios decadentes,
me hizo llamar al gondolero
-hijodeputas cínicos que le cantan al amor
después de cenar-.
Hacía frío aquella maldita noche.
Busqué a la zorrita
más cercana a mi desierto
-no la más bella, no la más complaciente-
- Ven, le dije,
sube a mi góndola, querida.
Y después del trato subió, claro.
Comenzamos un paseo nocturno
por los canales de Venecia.
Yo le explicaba detalladamente la arquitectura,
la belleza de aquellos rincones únicos, sublimes;
ella me miraba, pensando que estaba loco,
entre aquellos recovecos
apenas iluminados por un rayo de luna.
Llegamos a San Marcos.
Allí los relieves eran piedras fantasmales.
Como aquel grupo de nobles,
los Tetrarcas, agarrados de la mano.
- Se aman, le dije.
- Se aburren, dijiste entre dientes.
Y en aquel rincón, en la penumbra de los dioses
gastados como la piedra, la follé generosamente.
Me miró con un reproche.
- ¡Calla! le dije.
El gondolero también hizo un gesto de protesta.
(Una pistola dispuesta a volarle los sesos
al ciudadano más hostil
siempre es una buena excusa para la complacencia)
Llegué a uno de los orgasmos más fantásticos de mi vida.
No tanto por la penetración de la carne
como por la contemplación de tanta belleza.
Lloré como los cielos llueven su miseria
y después de lanzar un puñado de dólares sobre la góndola,
suficientes , generosos ,
me marché, caminando,
en una búsqueda incierta de mi,
otro pez corrupto,
atrapado en las redes de esta cosa
que llaman vida.
- ¡Qué bella está Venecia esta noche!
Nunca podré olvidar la cara de sorpresa
de la puta y el gondolero.
Fantástica imagen,
¡ellos qué sabrán del amor!
corrí hacia el puerto de mis sueños
y me enrolé en un barco asqueroso
como ayudante de cocina
con aquel maricón que se pasó el viaje
intentando tocarme las pelotas;
al final le aticé un par de hostias
y le partí los morros por jilipollas.
Al poco tiempo paseaba
las calles decadentes de Venecia,
la carnes putrefactas de sus palacios,
el olor asqueroso de las almas que la habitaban
y fui feliz algunos segundos;
los mismos que creí que las putas
de Venecia eran formidables.
Porque aquello no era lo que imaginé.
Esas parejas cogidas de la mano
jurándose amor eterno,
renovando un amor mentiroso
o comprándose por unos putos dólares.
Tirando moneditas a la Fontana.
¡Vomitivo espectáculo!
Me repugnaba tanto que mi verga
devino en supino turgente.
Era la señal requerida para beber
un buen vino.
La urgencia de correrme en los reumáticos
dinteles de aquella puercas puertas,
de gritar en los corazones
de aquellos palacios decadentes,
me hizo llamar al gondolero
-hijodeputas cínicos que le cantan al amor
después de cenar-.
Hacía frío aquella maldita noche.
Busqué a la zorrita
más cercana a mi desierto
-no la más bella, no la más complaciente-
- Ven, le dije,
sube a mi góndola, querida.
Y después del trato subió, claro.
Comenzamos un paseo nocturno
por los canales de Venecia.
Yo le explicaba detalladamente la arquitectura,
la belleza de aquellos rincones únicos, sublimes;
ella me miraba, pensando que estaba loco,
entre aquellos recovecos
apenas iluminados por un rayo de luna.
Llegamos a San Marcos.
Allí los relieves eran piedras fantasmales.
Como aquel grupo de nobles,
los Tetrarcas, agarrados de la mano.
- Se aman, le dije.
- Se aburren, dijiste entre dientes.
Y en aquel rincón, en la penumbra de los dioses
gastados como la piedra, la follé generosamente.
Me miró con un reproche.
- ¡Calla! le dije.
El gondolero también hizo un gesto de protesta.
(Una pistola dispuesta a volarle los sesos
al ciudadano más hostil
siempre es una buena excusa para la complacencia)
Llegué a uno de los orgasmos más fantásticos de mi vida.
No tanto por la penetración de la carne
como por la contemplación de tanta belleza.
Lloré como los cielos llueven su miseria
y después de lanzar un puñado de dólares sobre la góndola,
suficientes , generosos ,
me marché, caminando,
en una búsqueda incierta de mi,
otro pez corrupto,
atrapado en las redes de esta cosa
que llaman vida.
- ¡Qué bella está Venecia esta noche!
Nunca podré olvidar la cara de sorpresa
de la puta y el gondolero.
Fantástica imagen,
¡ellos qué sabrán del amor!
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