Y multiplicaré tu descendencia como las estrellas del cielo
Génesis 26:4
apenas cincuenta años
y seré un excremento
difuminado en los treinta animales
-Borges describió treinta en sus hogueras-
se comerán las rosas de mi tumba
luego treinta por cada uno
en progresión geométrica
serán multiplicados mis genes de loco
devengaré en beduino
chino esquimal
pasaré a ser sustancia
de algunos coños
de antropófagos y pigmeos
bardos y pensadores
millones de nuevos borrachos
no hay mejor inmortalidad
seré pura borrachera hasta el infinito
pornográfico
pederasta
sacrílego
y no sé cuantas cosas más
halago de mi vecina en el ascensor
por tocarle una nalga
puto vodka
mejor me hubiera metido en misa de once
para beberme toda la sangre de jesucristo
para que dios me coma a mí
excremento de su alma
a veces no me entiendo
elPrior
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marian (rigor post mortem)
y el que había muerto salió
atadas las manos y los pies con vendas
Juan 11:44
marian dos puntos
hermana
gozo de tu rigor
no el de antes
sino el de tus carnes tolendas
podridas
resucitadas
necesitabas sublimarte
pasar las fases alquímicas
que ataban tus entrañas
convertirte en aroma
para el encuentro crucial
tu sonrisa de plata
tus ojos glaucos
eran aves proféticas
de la pasión
vestida de novia
atravesaste las esferas
primero tu carne fresca
recién salada
se tornó neutra
de textura suave
después
tus aromas se volvieron acuosos
delirantes
desde tus tejidos
la absorción de los jugos
fue muy sencilla
por último
llegó la putrefacción
la transmutación de la carne
pura energía
te maté
y en un salvaje orgasmo
pude resucitarte
lázaro feliz
elPrior
santa maría del cuerpo bendito
santa maría
que vienes a decir:
sí,
te sigo esperando
príncipe de la luz.
cuerpo bendito,
¿podrás abrir
el sarcófago
de tus locuras
a otros delirios
sin mentir?
en tu caliz
de pasión,
¿podría
beber el licor
de tus sagrados veneros
y luego morir,
aunque
quizás yo no quiera?
santa maría,
cada uno de tus estigmas,
como agujas de rosa,
me dolerán más
hasta nacerme libre.
cuerpo bendito,
los ungüentos
a mi herida
son lo que
mis labios a tu hiel.
Roger Nelson
que vienes a decir:
sí,
te sigo esperando
príncipe de la luz.
cuerpo bendito,
¿podrás abrir
el sarcófago
de tus locuras
a otros delirios
sin mentir?
en tu caliz
de pasión,
¿podría
beber el licor
de tus sagrados veneros
y luego morir,
aunque
quizás yo no quiera?
santa maría,
cada uno de tus estigmas,
como agujas de rosa,
me dolerán más
hasta nacerme libre.
cuerpo bendito,
los ungüentos
a mi herida
son lo que
mis labios a tu hiel.
Roger Nelson
tampoco sé cuando moriré M.
Yo no sé cuando moriré
-me confesó una amiga
esta tarde-.
-¡Carajo! Yo tampoco, pensé.
¿Debería saberlo?
Comenzó a oprimírseme
el costillar,
a bajárseme la erección.
¡Así, a bocajarro
no se dicen estas cosas!
Me fastidia de veras
pensar en espíritus
y esas cosas;
albergar dudas
que antes no tenía.
¡Eso es para los poetas
y filósofos!
Yo soy un tipo ordenado.
Las birras en el frigorífico,
los condones
en la mesilla de noche,
mi novia en su casa,
la suegra en la de ella.
Y así trascurre mi vida.
placenteramente.
Ahora estoy desorientado.
Sumido en un caos existencial:
¿Me enfado hoy
o dentro de un mes
con mi novia?
Si supiera que me muero mañana
no me enfado, le echo un polvete
y contento al hoyo.
Si fuera para el mes que viene
le echaría una bronca.
Luego la pillaba con mas gana
dentro de unos días
por la autocontinencia,
cuando se me pase el cabreo.
Yo espero que me entiendan.
Soy un tipo ordenado
y estas cosas me desconciertan.
Roger Nelson
-me confesó una amiga
esta tarde-.
-¡Carajo! Yo tampoco, pensé.
¿Debería saberlo?
Comenzó a oprimírseme
el costillar,
a bajárseme la erección.
¡Así, a bocajarro
no se dicen estas cosas!
Me fastidia de veras
pensar en espíritus
y esas cosas;
albergar dudas
que antes no tenía.
¡Eso es para los poetas
y filósofos!
Yo soy un tipo ordenado.
Las birras en el frigorífico,
los condones
en la mesilla de noche,
mi novia en su casa,
la suegra en la de ella.
Y así trascurre mi vida.
placenteramente.
Ahora estoy desorientado.
Sumido en un caos existencial:
¿Me enfado hoy
o dentro de un mes
con mi novia?
Si supiera que me muero mañana
no me enfado, le echo un polvete
y contento al hoyo.
Si fuera para el mes que viene
le echaría una bronca.
Luego la pillaba con mas gana
dentro de unos días
por la autocontinencia,
cuando se me pase el cabreo.
Yo espero que me entiendan.
Soy un tipo ordenado
y estas cosas me desconciertan.
Roger Nelson
Me lo comunicaron en el almuerzo;
rompí de una vez
los platos y vasos de la mesa
y una furia de mil arañas rojas
inundó mi mente hasta cegarme.
Le metí dos hostias al cara de chivo
que con una sonrisa sardónica
no hasía mas que mirarme.
Le encontraron, en el regazo,
una carta destinada a mi;
la polisía no me la ha querido dar todavía.
El dolor fue muy inmenso
-quemaron mis ojos y mi boca-
tanto o más que la sensación
de hastío que viví
cuando atropellaron a Sebastián,
mi pitbull, mi alter ego.
Golpeé, golpeé y golpeé
al cara de chivo
hasta que me dejaron inconsciente
los vigilantes del frenopático.
Y ahora casi no estoy,
escayolada el alma
que es lo único que siento.
A mi padre le dijeron que caí
desde no se qué piso,
hideputas…
Días después me enteré
que a la Reme
le dio por el suicidio.
Ella y su poesía,
yo y mis gaviotas,
antes muerta que sensilla la cabrona.
Aquella tarde en mi la habitación
la pasé sedado,
con mis gaviotas claro,
me hubiera gustado verla
como se enterraba entre las olas.
Estoy seguro que me hubiera dedicado el último suspiro,
la última gota de su aliento.
Pero eso hubiera resultado demasiado poético,
incluso para ella.
Yo pienso que la mató
el cara de chivo hideputa.
Odia a los artistas
porque es un puto fracasado;
hase poemas de mierda,
pura palabrería malsonante
que a nadie convence.
Le hubiera gustado escribir
los poemas que hasía mi Reme.
En cuanto salga de la enfermería
lo hincho otra vez a hostias.
rompí de una vez
los platos y vasos de la mesa
y una furia de mil arañas rojas
inundó mi mente hasta cegarme.
Le metí dos hostias al cara de chivo
que con una sonrisa sardónica
no hasía mas que mirarme.
Le encontraron, en el regazo,
una carta destinada a mi;
la polisía no me la ha querido dar todavía.
El dolor fue muy inmenso
-quemaron mis ojos y mi boca-
tanto o más que la sensación
de hastío que viví
cuando atropellaron a Sebastián,
mi pitbull, mi alter ego.
Golpeé, golpeé y golpeé
al cara de chivo
hasta que me dejaron inconsciente
los vigilantes del frenopático.
Y ahora casi no estoy,
escayolada el alma
que es lo único que siento.
A mi padre le dijeron que caí
desde no se qué piso,
hideputas…
Días después me enteré
que a la Reme
le dio por el suicidio.
Ella y su poesía,
yo y mis gaviotas,
antes muerta que sensilla la cabrona.
Aquella tarde en mi la habitación
la pasé sedado,
con mis gaviotas claro,
me hubiera gustado verla
como se enterraba entre las olas.
Estoy seguro que me hubiera dedicado el último suspiro,
la última gota de su aliento.
Pero eso hubiera resultado demasiado poético,
incluso para ella.
Yo pienso que la mató
el cara de chivo hideputa.
Odia a los artistas
porque es un puto fracasado;
hase poemas de mierda,
pura palabrería malsonante
que a nadie convence.
Le hubiera gustado escribir
los poemas que hasía mi Reme.
En cuanto salga de la enfermería
lo hincho otra vez a hostias.
Como poeta
tengo la costumbre
del vómito fácil,
la espantada a contratiempo
del martirio costumbrista,
que como bodegones,
rodean mi insoportable soledad.
Siempre he contrapuesto
la botella de vino al evento fácil,
el encuentro sexual a las tardes
de cine de autor.
La enredadera de mi suegra
-que terminó secándose-
sirvió de alivio
a mis ardores etílicos,
angustias que me levaban a lanzar
a la tierra lo que de la tierra era.
Ella nunca dijo nada a cambio
de algún quitapesares -tú ya sabes-
la viuda todavía se conserva bien
y tiene derecho a los consuelos
pertinentes que marca la ley.
Cuando recité a la Reme el poema
“ Tus manos pudieran ser la alcancía
de mi ardor,
los desechos de mi amor”.
(metáfora de mis épicas costumbres
en casa de su madre)
me vomitó los cuarenta dólares
del puto Burger King
en la solapa de mi camisa.
Yo creo que esta mujer no entiende.
Yo sólo insinuaba
una lírica masturbación,
una arcada metafísica
de la mierda que vamos arrastrando
en nuestra vida.
Siempre se necesita
de una mano amiga
para lanzar al vacío
ese fluido accidente.
Es la forma más perfecta del amor.
A veces pienso que empleo metáforas
poco saludables
para los momentos
que nos han tocado vivir.
Tu ya sabes que los genios
somos adelantados a nuestro tiempo.
Sustancias prohibidas
(como mi pinga)
que no deben saborearse
sin la debida receta.
…o ella es que es tonta;
ya no sé que pensar.
Hace tiempo que la aridez de mi pensamiento
me lleva a desiertos insondables.
Roger Nelson
tengo la costumbre
del vómito fácil,
la espantada a contratiempo
del martirio costumbrista,
que como bodegones,
rodean mi insoportable soledad.
Siempre he contrapuesto
la botella de vino al evento fácil,
el encuentro sexual a las tardes
de cine de autor.
La enredadera de mi suegra
-que terminó secándose-
sirvió de alivio
a mis ardores etílicos,
angustias que me levaban a lanzar
a la tierra lo que de la tierra era.
Ella nunca dijo nada a cambio
de algún quitapesares -tú ya sabes-
la viuda todavía se conserva bien
y tiene derecho a los consuelos
pertinentes que marca la ley.
Cuando recité a la Reme el poema
“ Tus manos pudieran ser la alcancía
de mi ardor,
los desechos de mi amor”.
(metáfora de mis épicas costumbres
en casa de su madre)
me vomitó los cuarenta dólares
del puto Burger King
en la solapa de mi camisa.
Yo creo que esta mujer no entiende.
Yo sólo insinuaba
una lírica masturbación,
una arcada metafísica
de la mierda que vamos arrastrando
en nuestra vida.
Siempre se necesita
de una mano amiga
para lanzar al vacío
ese fluido accidente.
Es la forma más perfecta del amor.
A veces pienso que empleo metáforas
poco saludables
para los momentos
que nos han tocado vivir.
Tu ya sabes que los genios
somos adelantados a nuestro tiempo.
Sustancias prohibidas
(como mi pinga)
que no deben saborearse
sin la debida receta.
…o ella es que es tonta;
ya no sé que pensar.
Hace tiempo que la aridez de mi pensamiento
me lleva a desiertos insondables.
Roger Nelson
Ménage á trois
La oreja arribó sola
tres horas después
de luna llena
a tu boca, bahía solitaria,
donde se consumaría
el sacrificio.
Era la hora convenida
pero el sumo sacerdote
llegó, como siempre, tarde
con su melena
rizada y negra,
Polifemo tuerto
le parecía a la condesa de Zubov.
Fanfarroneaba de un coito
que la oreja protestó.
Estaba un poco nerviosa,
iba a ser su primera vez
y encima en grupo.
Segundos de incertidumbre:
la poya tomó el timón.
Como miembro más experimentado
empezó a hablarle
dulcemente a la oreja,
después la besó con pasión
(un escalofrío primerizo
corrió por los cartílagos
del pabellón auditivo).
La luna se reflejaba
en los labios de la bahía
que atrapaban revoltosos
al glande juguetón
del sumo sacerdote.
La lengua, melosa,
jugaba a su vez
con un lóbulo coqueto
que se dejaba querer
(hubo algún que otro chupetón).
Más de un suspiro
quedó a merced de las olas.
(Los dientes murmuraban
pero ellos tienen aquí
poco que rascar,
les advirtió la boca)
Pudo haber alguna protesta.
Partes del cuerpo
que reclamaban al rector
más por los ruidos
que por cualquier otra situación.
Llegó el momento esperado,
la poya tomó turgencia y distinción,
el pabellón auditivo dilató
y se consumó el sacrificio ritual
en el altar de los dientes
ahora mas calladitos y atentos.
Ella era virgen,
él misericordioso:
hizo lentamente la penetración
sintiendo derretirse
martillo y yunque
con estertores de chocolate.
La lengua hizo el resto
dulcificando la situación
(Los ojos miraban desorbitados.
Estos beatos hipócritas
no se cansarán nunca
de masturbarse
mirando las piernas
de las mujeres.)
Al final fumamos los tres.
Roger Nelson
tres horas después
de luna llena
a tu boca, bahía solitaria,
donde se consumaría
el sacrificio.
Era la hora convenida
pero el sumo sacerdote
llegó, como siempre, tarde
con su melena
rizada y negra,
Polifemo tuerto
le parecía a la condesa de Zubov.
Fanfarroneaba de un coito
que la oreja protestó.
Estaba un poco nerviosa,
iba a ser su primera vez
y encima en grupo.
Segundos de incertidumbre:
la poya tomó el timón.
Como miembro más experimentado
empezó a hablarle
dulcemente a la oreja,
después la besó con pasión
(un escalofrío primerizo
corrió por los cartílagos
del pabellón auditivo).
La luna se reflejaba
en los labios de la bahía
que atrapaban revoltosos
al glande juguetón
del sumo sacerdote.
La lengua, melosa,
jugaba a su vez
con un lóbulo coqueto
que se dejaba querer
(hubo algún que otro chupetón).
Más de un suspiro
quedó a merced de las olas.
(Los dientes murmuraban
pero ellos tienen aquí
poco que rascar,
les advirtió la boca)
Pudo haber alguna protesta.
Partes del cuerpo
que reclamaban al rector
más por los ruidos
que por cualquier otra situación.
Llegó el momento esperado,
la poya tomó turgencia y distinción,
el pabellón auditivo dilató
y se consumó el sacrificio ritual
en el altar de los dientes
ahora mas calladitos y atentos.
Ella era virgen,
él misericordioso:
hizo lentamente la penetración
sintiendo derretirse
martillo y yunque
con estertores de chocolate.
La lengua hizo el resto
dulcificando la situación
(Los ojos miraban desorbitados.
Estos beatos hipócritas
no se cansarán nunca
de masturbarse
mirando las piernas
de las mujeres.)
Al final fumamos los tres.
Roger Nelson
Volar debería ser
algo tan normal como
dormir
cagar
comer
fornicar
qué se yo...
Me gusta volar,.
Estiro mis alas un poco
y me lanzo a aire,
sin miedo.
(superada la primera hostia
es una maravillosa sensación
la que siento en el hospital
oteando las nalgas de la enfermera.)
Los pájaros me miran asombrados,
cuando me ven pasar veloz.
No tanto los hombres,
acostumbrados como yo
a vuelos de diversas índole.
A veces, cuando estoy
de buen humor, los saludo:
¡hola buitre!
¡hola helicóptero!
¿Nos echamos una carrerita?
Algunas millas más tarde
saludo a las nubes leves
son mi preferidas
porque cambian de forma
caprichosamente.
Masas de algodón libre,
imaginación.
¡Que blanditas!
Ya un poco más sobrio
me pregunto
¿a qué tanto destino
cuando todo apunta
a que esto es finito?
Estos filósofos
al final nos cortan las alas
y nos vamos...
felizmente tuertos.
algo tan normal como
dormir
cagar
comer
fornicar
qué se yo...
Me gusta volar,.
Estiro mis alas un poco
y me lanzo a aire,
sin miedo.
(superada la primera hostia
es una maravillosa sensación
la que siento en el hospital
oteando las nalgas de la enfermera.)
Los pájaros me miran asombrados,
cuando me ven pasar veloz.
No tanto los hombres,
acostumbrados como yo
a vuelos de diversas índole.
A veces, cuando estoy
de buen humor, los saludo:
¡hola buitre!
¡hola helicóptero!
¿Nos echamos una carrerita?
Algunas millas más tarde
saludo a las nubes leves
son mi preferidas
porque cambian de forma
caprichosamente.
Masas de algodón libre,
imaginación.
¡Que blanditas!
Ya un poco más sobrio
me pregunto
¿a qué tanto destino
cuando todo apunta
a que esto es finito?
Estos filósofos
al final nos cortan las alas
y nos vamos...
felizmente tuertos.
A veces no entiendo...
A veces no entiendo este destierro,
mi caminar por las calles sin rumbo
oliendo, como un perro, cada esquina
para comprobar que son parte de mi,
de mi geografía cotidiana.
Tampoco entenderé que las farolas
se me queden mirando, extrañadas,
cada vez que paso cerca de ellas.
¡Como si no me conocieran de nada!
Cuando estoy harto de saludarlas
por las noches sin nada a cambio,
ni un achuchón, ni un solo beso.
Reinando este caos existencial,
dioses, políticos y bobos
es lógico que nos vengan imponiendo
restricciones a nuestra libertad. Ellos
que ni beben, ni fuman, ni follan
en algo tendrán que emplear el tiempo .
mi caminar por las calles sin rumbo
oliendo, como un perro, cada esquina
para comprobar que son parte de mi,
de mi geografía cotidiana.
Tampoco entenderé que las farolas
se me queden mirando, extrañadas,
cada vez que paso cerca de ellas.
¡Como si no me conocieran de nada!
Cuando estoy harto de saludarlas
por las noches sin nada a cambio,
ni un achuchón, ni un solo beso.
Reinando este caos existencial,
dioses, políticos y bobos
es lógico que nos vengan imponiendo
restricciones a nuestra libertad. Ellos
que ni beben, ni fuman, ni follan
en algo tendrán que emplear el tiempo .
Ha desaparecido la Reme...
Ha desaparecido la Reme.
Estos días pasó algo extraño.
La policía estuvo preguntando por ella
y ya empiezo a estar preocupado.
No es posible tanta tardanza.
Ni una carta me ha dejado.
¡Ya te dije que estaba rara
desde que la medicaron!
Esta mañana vino mi madre,
yo también me siento raro,
no la quise ver y le grité
que se largara rápido.
Vuelan gaviotas en mi mente.
La Reme en uno u otro intervalo
vuelve a mi memoria tan bella.
¿Por qué me habrá abandonado?
Ahora que le iba a declarar
mi amor por todo lo alto,
de veras, no como las otras veces
que la engañaba con la Patro.
No recuerdo apenas
nuestro encuentro pasado.
La locura de esta celda
saquea cualquier rastro humano.
Estos días pasó algo extraño.
La policía estuvo preguntando por ella
y ya empiezo a estar preocupado.
No es posible tanta tardanza.
Ni una carta me ha dejado.
¡Ya te dije que estaba rara
desde que la medicaron!
Esta mañana vino mi madre,
yo también me siento raro,
no la quise ver y le grité
que se largara rápido.
Vuelan gaviotas en mi mente.
La Reme en uno u otro intervalo
vuelve a mi memoria tan bella.
¿Por qué me habrá abandonado?
Ahora que le iba a declarar
mi amor por todo lo alto,
de veras, no como las otras veces
que la engañaba con la Patro.
No recuerdo apenas
nuestro encuentro pasado.
La locura de esta celda
saquea cualquier rastro humano.
Mi pasión por la poesía...
Mi pasión por la poesía
me está llevando al asesinato
con un doble objetivo:
que sea arte un reconocible,
como dijo el filósofo
Tomás Quintín,
y para quitar de en medio
algún que otro idiota
y permitir, así,
que la especie siga mejorando
después del evidente parón
de estos últimos años.
Tú sabes que llevo tiempo
meditando el asunto.
No tanto por miedo al trullo
como por estética:
defraudar a las personas
que tanto esperan de mi,
y de mi afán creativo,
sería muy vulgar.
Por eso pienso mucho
la forma de ejecusión:
clásica o moderna,
minimalista o sofisticada,
la soga o el puñal…
En cuanto a la ética
no me preocupa tanto el sujeto en sí
como su capacidad última de transformasión.
Algunos gilipollas se lo merecen
por escribir tan mal,
como el cara de chivo hideputa
que tengo en mi celda.
Dice que ha escrito más de cincuenta poemas,
que es un poeta reconocido
y no sabe escribir la “o” con un canuto
-y si lo hace es de hierba-.
Siempre se ríe de lo que escribo,
de mi arte.
¿Por qué me lo habrán puesto de compañero?
(Este dios debe estar más loco que él,
más loco que yo).
Me complace, sobremanera,
cuando escriben putitas
cosas tales como: soy virgen a los diesiséis,
me gusta que me coman las bragas a los diesisiete,
me dejaré las señales de violación hasta los diesiocho…
Renato, colega,
¡eso es demasiada emoción!
Entonces grito:
¡La poesía es maravillosa,
a esa me la follo en cuanto pueda!
¡A mi me ponen a sien!
Estoy pajeándome ya,
pensando en ese momento.
Gracias a estas cosas,
y a otros pensamientos no menos profundos,
hase tiempo que no pienso en matarme
en esta maldita celda.
No me importa que se masturben
en los libros de Bokowski,
que se caguen en los poemas
de sus burdos imitadores,
que incluso hagan rimas consonánticas
con las palabras puta, orina, bragas.
-a mi lo que me gusta es su olor,
el de la poesía en estado puro-
…pero que insulten a mi amor
¡no!
¡Que no pongan sus sucias manos
en el cáliz sagrado de mis cojones!
Esto es lo único que me permite
vivir cada mañana.
¡No saben lo que es estar aquí,
entre estos animales
que nos pegan por respirar!
El mundo de la poesía,
me dijo mi abuelo Roger,
es el único verdadero
los demás no son más
que basura.
Sombras chinescas
en las manos
de algún loco estafador.
me está llevando al asesinato
con un doble objetivo:
que sea arte un reconocible,
como dijo el filósofo
Tomás Quintín,
y para quitar de en medio
algún que otro idiota
y permitir, así,
que la especie siga mejorando
después del evidente parón
de estos últimos años.
Tú sabes que llevo tiempo
meditando el asunto.
No tanto por miedo al trullo
como por estética:
defraudar a las personas
que tanto esperan de mi,
y de mi afán creativo,
sería muy vulgar.
Por eso pienso mucho
la forma de ejecusión:
clásica o moderna,
minimalista o sofisticada,
la soga o el puñal…
En cuanto a la ética
no me preocupa tanto el sujeto en sí
como su capacidad última de transformasión.
Algunos gilipollas se lo merecen
por escribir tan mal,
como el cara de chivo hideputa
que tengo en mi celda.
Dice que ha escrito más de cincuenta poemas,
que es un poeta reconocido
y no sabe escribir la “o” con un canuto
-y si lo hace es de hierba-.
Siempre se ríe de lo que escribo,
de mi arte.
¿Por qué me lo habrán puesto de compañero?
(Este dios debe estar más loco que él,
más loco que yo).
Me complace, sobremanera,
cuando escriben putitas
cosas tales como: soy virgen a los diesiséis,
me gusta que me coman las bragas a los diesisiete,
me dejaré las señales de violación hasta los diesiocho…
Renato, colega,
¡eso es demasiada emoción!
Entonces grito:
¡La poesía es maravillosa,
a esa me la follo en cuanto pueda!
¡A mi me ponen a sien!
Estoy pajeándome ya,
pensando en ese momento.
Gracias a estas cosas,
y a otros pensamientos no menos profundos,
hase tiempo que no pienso en matarme
en esta maldita celda.
No me importa que se masturben
en los libros de Bokowski,
que se caguen en los poemas
de sus burdos imitadores,
que incluso hagan rimas consonánticas
con las palabras puta, orina, bragas.
-a mi lo que me gusta es su olor,
el de la poesía en estado puro-
…pero que insulten a mi amor
¡no!
¡Que no pongan sus sucias manos
en el cáliz sagrado de mis cojones!
Esto es lo único que me permite
vivir cada mañana.
¡No saben lo que es estar aquí,
entre estos animales
que nos pegan por respirar!
El mundo de la poesía,
me dijo mi abuelo Roger,
es el único verdadero
los demás no son más
que basura.
Sombras chinescas
en las manos
de algún loco estafador.
El disparo fue certero...
El disparo fue certero
la bala se iba acercando,
sin apenas titubear
sintiendo seguro el blanco.
Atento a lo que pasaba
el negro estaba sentado,
riendo, en la mesa de enfrente
mientras que yo, siendo el blanco,
no me enteraba de nada
tal como estaba mirando
a mi vecina, sus piernas,
la cerveza degustando.
En la barra de aquel bar
disparó cual condenado,
lacerando mis tejidos,
la bala fue penetrando
sin miramiento ninguno,
mi pellejo desgarrando,
abriéndose paso entre
las venas y saqueando
grosera mis entresijos.
Y no estaba equivocado,
aquella vil situación
miedoso había soñado
ha tiempo en mi habitación.
Como de Mondrián un cuadro
un rojo intenso impregnaba
mi camisa. Y unas manos
al flotador se agarraban
de un desatinado barco
que se hundía entre estertores.
Hecho un imbécil, mirando
como el negro magreaba
a la vecina sin tacto
yo me veía muriendo
y la risa simulando.
Mi esposa siempre sagaz
al final tendrá razón
del despiste. Fui de viaje
a la muerte. Me prendió
sin llevarme las pastillas
para mi colesterol .
Delirium
la bala se iba acercando,
sin apenas titubear
sintiendo seguro el blanco.
Atento a lo que pasaba
el negro estaba sentado,
riendo, en la mesa de enfrente
mientras que yo, siendo el blanco,
no me enteraba de nada
tal como estaba mirando
a mi vecina, sus piernas,
la cerveza degustando.
En la barra de aquel bar
disparó cual condenado,
lacerando mis tejidos,
la bala fue penetrando
sin miramiento ninguno,
mi pellejo desgarrando,
abriéndose paso entre
las venas y saqueando
grosera mis entresijos.
Y no estaba equivocado,
aquella vil situación
miedoso había soñado
ha tiempo en mi habitación.
Como de Mondrián un cuadro
un rojo intenso impregnaba
mi camisa. Y unas manos
al flotador se agarraban
de un desatinado barco
que se hundía entre estertores.
Hecho un imbécil, mirando
como el negro magreaba
a la vecina sin tacto
yo me veía muriendo
y la risa simulando.
Mi esposa siempre sagaz
al final tendrá razón
del despiste. Fui de viaje
a la muerte. Me prendió
sin llevarme las pastillas
para mi colesterol .
Delirium
Remenbranza
Ha desaparecido la Reme.
Estos días pasó algo extraño.
La policía estuvo preguntando por ella
y ya empiezo a estar preocupado.
No es posible tanta tardanza.
Ni una carta me ha dejado.
¡Ya te dije que estaba rara
desde que la medicaron!
Esta mañana vino mi madre,
yo también me siento raro,
no la quise ver y le grité
que se largara rápido.
Vuelan gaviotas en mi mente.
La Reme en uno u otro intervalo
vuelve a mi memoria tan bella.
¿Por qué me habrá abandonado?
Ahora que le iba a declarar
mi amor por todo lo alto,
de veras, no como las otras veces
que la engañaba con la Patro.
No recuerdo apenas
nuestro encuentro pasado.
La locura de esta celda
saquea cualquier rastro humano.
Delirium
Estos días pasó algo extraño.
La policía estuvo preguntando por ella
y ya empiezo a estar preocupado.
No es posible tanta tardanza.
Ni una carta me ha dejado.
¡Ya te dije que estaba rara
desde que la medicaron!
Esta mañana vino mi madre,
yo también me siento raro,
no la quise ver y le grité
que se largara rápido.
Vuelan gaviotas en mi mente.
La Reme en uno u otro intervalo
vuelve a mi memoria tan bella.
¿Por qué me habrá abandonado?
Ahora que le iba a declarar
mi amor por todo lo alto,
de veras, no como las otras veces
que la engañaba con la Patro.
No recuerdo apenas
nuestro encuentro pasado.
La locura de esta celda
saquea cualquier rastro humano.
Delirium
Reme In Memoriam
Hoy me fui a pasear con la Reme
y la noté rara, como desentendida
(no es el haloperidol, que te conozco).
No era aquella mujer fatal
que encendía mis venas
con alguna felación,
ajustada eso sí, en el viaducto.
(No la sentí tan enamorada
después de la medicación
de aquel siquiatra amorfo).
Ahora ya es tarde;
ni besos al fragor de la luna,
ni mirada lánguida,
para nada servirán ya
(no sirvieron antes
para la conjunción).
Al final serán verdad
tus mentiras sobre el amor.
Paseábamos sobre el acantilado
y la empujé para sacar de ella
algún gesto expresivo, alguna palabra
que me hiciera sentir parte de su vida.
¡Aquel infame alarido!
Sólo al caer pareció mirarme;
ya era demasiado tarde.
¿Por qué somos tardos en la expresión
de los sentimientos?
¡Ella sabía que la amaba!
Pena me dio.
En su último mirar
no pude captar
lo que decirme quería.
¡Nunca entenderé a las mujeres!
Sólo las verdades más hondas
quedan siempre en el vacío
de nuestra memoria.
Y este pulso poético
me salvó la vida,
en esa noche de dolor,
por haber perdido
a mi Reme,
por haber perdido
a mi amor.
(Siquiátrico Evaristo Corumelo
Octubre, 15 de 2008)
y la noté rara, como desentendida
(no es el haloperidol, que te conozco).
No era aquella mujer fatal
que encendía mis venas
con alguna felación,
ajustada eso sí, en el viaducto.
(No la sentí tan enamorada
después de la medicación
de aquel siquiatra amorfo).
Ahora ya es tarde;
ni besos al fragor de la luna,
ni mirada lánguida,
para nada servirán ya
(no sirvieron antes
para la conjunción).
Al final serán verdad
tus mentiras sobre el amor.
Paseábamos sobre el acantilado
y la empujé para sacar de ella
algún gesto expresivo, alguna palabra
que me hiciera sentir parte de su vida.
¡Aquel infame alarido!
Sólo al caer pareció mirarme;
ya era demasiado tarde.
¿Por qué somos tardos en la expresión
de los sentimientos?
¡Ella sabía que la amaba!
Pena me dio.
En su último mirar
no pude captar
lo que decirme quería.
¡Nunca entenderé a las mujeres!
Sólo las verdades más hondas
quedan siempre en el vacío
de nuestra memoria.
Y este pulso poético
me salvó la vida,
en esa noche de dolor,
por haber perdido
a mi Reme,
por haber perdido
a mi amor.
(Siquiátrico Evaristo Corumelo
Octubre, 15 de 2008)
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